"LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS".

Antoine de Saint-Exupery

miércoles, 25 de mayo de 2011

Entrevista a Joe Dispenza



  
Tienes que empezar a crear y reinventarte a ti mismo, romper el hábito de ese yo antiguo y reaprender.

 
Joe Dispenza estudió Bioquímica en la Universidad de New Brunswick (Nueva Jersey) y es doctor en Quiropráctica por la Life University de Atlanta(Georgia). Coautor del filme récord de Y tú qué sabes, llena salas de conferencias en Estados Unidos y Europa explicando de forma sencilla cómo cambiar. Cómo los pensamientos provocan reacciones químicas que influyen directamente en la salud y crean una realidad propia. Lleva décadas estudiando la neuroplasticidad, esa capacidad que tiene el cerebro de adaptarse a los cambios y modificar los circuitos que conectan todas las neuronas.












Él es un ejemplo vivo de su propio cambio. A los 24 años sufrió un grave accidente que afectó a sus vértebras dorsales. Le vaticinaron que se quedaría toda la vida en una silla de ruedas. Pero decidió no operarse y experimentar, en cambio, la capacidad de regeneración de su propio cuerpo. Se ofrece la entrevista que le ha realizado Elisabet Bonshoms.

Alguien discute con su pareja y termina con un: “Soy así, no puedo cambiar”. ¿Qué le diría usted?

Que no es verdad. Se producen una serie de reacciones químicas en el cuerpo que hacen creer que no se puede cambiar, pero la evidencia de la ciencia dice todo lo contrario. Hay que olvidar la idea de que el cerebro es un órgano estático, rígido e inmutable. Sí, podemos cambiar.

¿Cómo?

Cambiando de pensamiento. El interruptor que activa el cambio es la voluntad, porque desencadenará una nueva información. Cambiar es pensar de forma más amplia, trascender tu propio entorno. Es conectarte a un sueño, a una idea que ya existe en el campo cuántico de posibilidades. Es creer en ese futuro cuando todavía no se puede percibir con los sentidos.

¿Por qué es tan difícil cambiar?

Porque las reacciones emocionales son muy adictivas. Puedes decirte a ti mismo que no te gusta tu trabajo ni tu relación de pareja, que no te gusta nada de lo que haces y tienes en tu vida. Pero eso es una emoción que la mente ha memorizado para reafirmar su identidad. Esas reacciones químicas alteran nuestra percepción de la realidad e impiden la entrada de cualquier otro tipo de información en nuestro cerebro. Para cambiar hay que romper esa emoción.

Pero no es nada fácil cambiar los pensamientos. Lo primero que hay que hacer es observarlos y relacionarlos con lo que te pasa en la vida. Así uno empieza a ver reflejados en su cotidianidad los efectos que ha creado con cada uno de sus ­pensamientos.

¿Por qué da miedo cambiar?

Porque eso supone pasar de una situación cómoda y predecible a otra desconocida. La mayoría de las personas sueñan con emprender cosas nuevas, pero no pasan a la acción, se quedan en el plano intelectual. ¿Cómo podemos realizar estos proyectos si seguimos apegados a lo familiar y convivimos con esta vieja personalidad? Para experimentar algo nuevo tenemos que arriesgar, dejar el territorio de lo predecible y entrar en el terreno de la incertidumbre.

¿Qué se debe cambiar para crear una nueva vida?

Hay que cambiar no sólo lo que se piensa y se hace sino también cómo se siente. Uno no puede esperar que pase algo diferente en su vida si tiene los mismos pensamientos, hace las mismas cosas y abraza las mismas emociones cada día. Si somos capaces de cambiar la interpretación de nuestra realidad, nuestro cerebro trabajará con nuevas secuencias y patrones. Y eso es lo que cambia la mente, porque la mente es el cerebro en acción.

¿La neurociencia puede demostrar que los pensamientos crean el camino?

El modelo neurocientífico dice que podemos cambiar en cualquier momento de nuestra vida. Cambiaremos nuestro cerebro con cada nuevo pensamiento, con cada nueva experiencia, con cada sueño que persigamos. El ingrediente principal es la información, el conocimiento. Cada vez que aprendemos algo nuevo añadimos una nueva conexión en nuestro cerebro.

¿Cómo se puede enseñar a los hijos a no ser personas definitivas, a vivir en el cambio?

Lo primero es enseñarles inteligencia emocional, enseñarles a controlar las emociones y decirles que las emociones son lo que nosotros somos. En segundo lugar no hay que enseñarles nada que nosotros no seamos capaces de hacer. Los niños se fijan más en lo que hacemos que en lo que decimos porque tienen más activas un tipo de neuronas llamadas neuronas espejo, que copian lo que hacemos. Si quieres que estén de acuerdo con el cambio, demuéstrales lo versátil que eres, y así serán independientes. En tercer lugar, no se debe intentar razonar con los hijos durante una reacción emocional porque te van a dejar solo. Hay que permitirles la libertad de tener esa reacción y hacerles saber que se les está observando. Al cabo de un rato se les debe hablar sobre lo que uno quiere cambiar de sí mismo y crear el entorno para que ellos empiecen a observar quiénes son, sin juzgarlos. Y preguntarles qué harían diferente si vivieran de nuevo la misma experiencia. De esa forma se empieza a cambiar su cerebro y su cuerpo mucho más allá de la experiencia presente. Y se les da confianza para que empiecen a abrirse a su propio potencial.

¿En cada momento se vive lo que uno ha creado con sus pensamientos?

Sí. Sin duda. Somos los creadores de nuestras realidades. El problema es que la mayor parte del tiempo son nuestros pensamientos inconscientes los que crean esa realidad. Son programas que funcionan justo debajo de nuestra conciencia y que memorizan comportamientos, pensamientos y reacciones emocionales. Estos son los que crean esa química que nos hace reaccionar siempre de la misma manera.

Pero nadie quiere vivir una enfermedad o un accidente, por ejemplo.

Uno mismo no crea ese accidente o esa enfermedad de forma consciente, pero quizás ha estado pensando inconscientemente cuán terrible es su vida, cuánto está sufriendo, lo triste que se siente, cuánto dolor tiene dentro… Ha creado, en su subconsciente, un refuerzo de las emociones de dolor y sufrimiento, y eso se refleja fuera, en su vida, en un accidente o enfermedad. Hay algo importante: nunca debemos culparnos por nuestras creaciones, todo es aprendizaje.

La clave es cambiar el propio estado emocional…

Las emociones son experiencias que el cuerpo memoriza. Si una persona está viviendo con las mismas emociones cada día, es que no le está ocurriendo nada nuevo. El cuerpo cree que está en la misma experiencia todo el día. La redundancia de este ciclo entrena al cuerpo para estar en el pasado en vez de en el momento presente, y la persona, con sus pensamientos, vuelve consistentemente al pasado porque su emoción está conectada al pasado. Cuando una persona quiere cambiar intenta pensar en un futuro, pero las emociones le devuelven al pasado. Por eso es tan importante cambiar nuestro estado emocional.

¿Las enfermedades, las crisis, las pérdidas hay que verlas como un trampolín para cambiar?

Esos traumas, esas crisis, son, efectivamente, catalizadores del cambio. Una gran mayoría de las personas requiere de un estado de sufrimiento para decidirse a cambiar. Pero también podemos cambiar desde un estado de bienestar y de alegría mediante el proceso de soñar una nueva vida. No es cierto que nuestro destino se encuentre escrito en los genes.

¿Cuál es el mayor factor desencadenante de las enfermedades?

Entre un 75% y 90% de los occidentales acude al médico debido al estrés emocional. Emociones que se esconden detrás del estrés y que tienen que ver con el enfado, la frustración, el odio, el juicio, el dolor, el sufrimiento, la culpa, la desesperanza, el miedo, la ansiedad, la falta de poder, la inseguridad… Si estás ante un reto, tu cuerpo crea un montón de reacciones químicas para movilizar esa energía. Esencialmente, los pensamientos y las emociones pueden hacernos enfermar, pero si nos hacen enfermar también nos pueden sanar.

Los humanos saben que quieren cambiar, pero la mayoría de las veces no tienen la evidencia de lo que quieren ser o hacer.

Es cierto. Cuando no sabes qué quieres ser o hacer, primero debes decidir quién no quieres volver a ser, de qué modo no quieres volver a pensar jamás, cómo no quieres sentirte y cómo no quieres actuar. Tienes que empezar a crear y reinventarte a ti mismo, romper el hábito de ese yo antiguo y reaprender. El pensamiento positivo no es suficiente, hay que entrar dentro de uno mismo y empezar a deconstruir.

Usted tuvo un accidente muy grave de joven, y los médicos le dijeron que no volvería a andar. ¿Por qué creó ese accidente y cómo lo superó?

A mis 24 años vivía una vida de éxito y bienestar que yo creía que era completa. El accidente fue probablemente una de las mayores bendiciones de mi vida, porque me llevó a cuestionar mis valores y a empezar a pensar en mis prioridades. Cuando te rompes seis vértebras dorsales y tienes fragmentos óseos en la médula y cuatro médicos te dicen que nunca más vas a volver a andar, no vuelves a vivir una vida normal. Llegué a comprender principios universales que me parecían pura teoría filosófica. Me aconsejaron que me operara, pero decidí no hacerlo y experimentar, en cambio, lo que sentía, ser coherente con mi pensamiento. Pensé que el poder que hizo el cuerpo cura el cuerpo, base de la filosofía quiropráctica. Hay una inteligencia en cada ser humano que nos da vida, y conecté con esa inteligencia durante todo el tiempo, sin hacer nada más que dedicarme a mi curación. No podía imaginar mi vida con hierros en la espalda y viviendo de medicinas. Quería dar a esa inteligencia un plan muy específico y que ella hiciera lo mejor para mí. Los átomos son nada en un 99,999 por ciento, nada material, pero lo son todo en potencia. Esa inteligencia organiza todo eso. Cuando empecé a notar cambios en mi cuerpo, físicamente, presté mucha atención a lo que hacía con mi cuerpo y con mi mente y lo repetí y repetí hasta que la repetición de ese ciclo empezó a sanar mi cuerpo.

¿La repetición es la base para crear cualquier realidad más elevada?

La grandeza es creer en ese futuro que existe más allá de nuestros sentidos y mantenerlo vivo en nuestra mente hasta que el evento realmente sucede. ¡No creamos las cosas porque no creemos que seamos capaces de hacerlo! Las personas no comprenden que los pensamientos producen grandes efectos en sus vidas. Quizás tengan algunos pensamientos conectados a un estado elevado de emoción, ¡pero sólo durante 15 minutos al día! Y se preguntan: “¿Cómo no ha sucedido el cambio todavía?”. Es porque las otras 23 horas y 45 minutos, su mente está vagando por todas partes: están enfadadas, negativas, juzgando. Para actuar sobre la realidad tenemos que alcanzar estados más elevados de conciencia y dejar entrar emociones nutritivas, como la gratitud, la alegría, la apreciación de las cosas. La dificultad reside en cómo llegar a ese punto, porque la mente analítica dirá: “¿Por qué voy a dar las gracias o estar alegre si no me ha pasado todavía?”. Eso es el antiguo modelo de pensamiento. Muchas personas, secretamente, creen en su propio poder, pero nunca hacen un hueco para saber realmente qué quieren.

¿Tiene mucho que ver la meditación en este proceso?

La meditación es el primer paso para producir cambios. Es una técnica que enseña a observar los pensamientos y aquietar la mente. Te lleva a saber dónde estás y a cambiarte a ti mismo, porque cambia la relación entre la mente y el cuerpo. En ese estado del ser donde sólo hay conciencia estamos produciendo un campo electromagnético que afecta a ese cambio. Después de meditar es imposible tener mal humor.

¿Qué efecto produce el silencio mental en las células?

El lóbulo frontal del cerebro (lo que denominamos tercer ojo) es la última pieza de nuestro sistema neurológico. Cuando nuestra parte divina controla nuestra parte animal, el cerebro cambia fisiológicamente. En experimentos con monjes budistas rezando se ha comprobado cómo el lóbulo frontal aísla ese control animal y, en consecuencia, silencia el resto del cerebro, enfría las células cerebrales que tienen que ver con el tiempo y el espacio, con el cuerpo y con nuestra identidad. Entonces no se procesa nada más. A eso lo llamamos paz. A través del silencio pasamos de ser alguien con opiniones o juicios a un campo cuántico donde somos no alguien. Ahora la mayor parte de la humanidad está preparada para alcanzar ese campo.

Si el mundo es un reflejo de lo que sucede a las personas, ¿se podría decir que el ser humano está viviendo una revolución celular?

Estamos en un tiempo en la historia donde el cambio tiene que ocurrir. Pero para hacer que algo nuevo ocurra, lo viejo tiene que morir. Muchos paradigmas están colapsados: los modelos político, médico, económico, medioambiental… El ser humano debe empezar a hacerse preguntas más importantes y dejar de creer en superestructuras… Es tiempo para los individuos.

¿A qué se debe la falta de liderazgo de los políticos? ¿Están perpetuando viejas estructuras?

Las emociones que la mayoría de nosotros tenemos y que crean esas situaciones de egoísmo que hemos comentado, desafortunadamente, son las mismas que tienen nuestros líderes. No puedes dar la paz en una iglesia y salir pisando a los demás al salir porque tienes prisa. Esa es una típica oposición entre el cuerpo y la mente, no hay coherencia entre lo que dices, lo que haces y lo que piensas.

Si existe una mente común, una red de pensamiento a la que toda la gente está unida, ¿con qué pensamientos se podrían crear nuevos líderes?

La sustancia que unifica las células y el universo entero es el amor. En una neurona se puede observar cómo una cierta cantidad de esa sustancia desconecta los patrones antiguos de pensamiento. Se da cuando empezamos a tomar decisiones que consideran al todo. Primero hay que sentir amor por uno mismo y, en consecuencia, amamos todo lo demás. Si no nos gustan ciertas cosas, debemos eliminarlas antes en nosotros.

¿Es posible que la actual crisis se materializara porque muchas mentes la crearon con sus pensamientos?

Como científico, le digo que sí, ¡evidentemente! La crisis ha estado en la mente de todas esas personas.

¿Cómo será el cerebro de un hombre consciente?

Tendrá muchas más conexiones sinápticas, las que comunican entre sí la información que contienen las neuronas. Veremos el cerebro trabajando en una forma de pensamiento más coherente, con transmisiones neurológicas mucho más rápidas. El lóbulo frontal estará completamente conectado con el subconsciente, y tendremos neurotransmisores secuenciados desde la glándula pineal, que mejorarán nuestra percepción de la realidad. Quizás algunas personas estén a las puertas de un cambio de potencial de su cerebro. Lo único que sé es que no puedes esperar a que el cambio se produzca. Tienes que actuar sobre él. Dios no te elige, tú te eliges.

lunes, 16 de mayo de 2011

Emociones y salud (2)

Entrevista al Dr. Jorge Carvajal - 21-11-2003


  Cuando nadas contra tu propia corriente, enfermas. Humanizamos la vida rescatando el alma.
 A Jorge Carvajal no le gusta hacer ruido, le gusta la sutileza. Él en realidad es un poeta, y ya se sabe... cuando hay mucho ruido un poeta no puede escuchar la música de la Creación. Sin embargo, Jorge Carvajal no es sólo un poeta, es también un filósofo y un médico y un sabio... Es un alma grande que habita en un cuerpo pequeño. Alguien que abre caminos.
  Es un médico muy especial en cuyo maletín hay bisturí y gasas pero también valores. Del mismo modo que a un paciente le receta caricias a otro le recomienda sinceridad y si es necesario hecha mano de los antibióticos porque Carvajal sabe, como han sabido los sabios desde siempre, que lo importante es unificar y eso es lo que él hace. En la medicina unifica las tradiciones de oriente y occidente. En el ser humano unifica el corazón y la mente. Y además, hace poesía...

 Los pacientes han delegado la responsabilidad de su propia vida en manos de los médicos. ¿Qué se puede hacer para que todos y cada uno de nosotros tomemos conciencia de qué estar sano y feliz depende sólo de nosotros?

  Despertar. La enfermedad es el despertador, nuestra crisis es el despertador. Nosotros sabemos que podemos tener autogestión sobre nuestra salud. El sistema de salud no es el sistema de los médicos es el sistema de supervivencia de una cultura. Cada vez la gente es más crítica respecto del tipo de atención médica que recibe y cada vez la gente en todo el mundo se hace más responsable de su propia salud.

  La visión de la medicina que usted plantea no se enseña en las universidades, ¿De qué fuentes ha bebido usted?

  Primero de los ojos de los pacientes y de sus lágrimas. De sus necesidades de sus abrazos, del cariño de la Naturaleza. Cuando alguien me pide bibliografía yo recomiendo las corrientes de los ríos, los ojos de los niños, las hojas de los árboles, la Selva, la meditación, la reflexión y, obviamente, las medicinas sagradas de la humanidad: el Ayurveda, la Acupuntura, los sistemas chamánicos del mundo... pero también la ciencia. Creo que la clave de una nueva medicina es integrar la ciencia, la cultura y la conciencia en una sola corriente .

  Me da la sensación de que usted trata de construir un puente entre tradición y progreso.

  Ese puente ya existe y no solo un puente sino infinitos puentes para que el que lo pueda ver lo vea y el que lo quiera cruza lo cruce. No hay una cultura oriental y una cultura occidental separadas, son absolutamente y estrictamente complementarias. Tenemos un territorio médico que es el de la materia que para mí es espiritual. Una molécula es espiritual. Hay otro territorio que es el de la energía, que en medicina tradicional China se describe como el Chi que circula por los meridianos. Tenemos un territorio que es el de la conciencia, el de las relaciones del hombre y la Naturaleza y del hombre y su propia naturaleza. Y existe un territorio de síntesis. A ese lo hemos llamado la Sintergética, es un territorio que pretende encontrar la complementariedad de todos los sistemas médicos del mundo incluyendo el de la ciencia occidental. Para mí, el territorio de la ciencia no solo no es antagónico sino que es totalmente complementario con las propuestas de las medicinas tradicionales del mundo.

  ¿Cuáles son las terapias que usted emplea?

  Yo soy un medico convencional: empleo la cirugía y los antibióticos cuando es necesario, pero también utilizo las hierbas cuando hay que emplearlas. El láser y los campos magnéticos cuando son necesarios y la sanación espiritual si es conveniente... Toda medicina es un asunto relacional, cómo te relacionas con el paciente, lo puedes hacer con una mirada, con un consejo, escuchando o puedes utilizar la reflexoterapia o el láser. Es un menú muy rico.

  ¿Cuál cree usted que son las enfermedades más comunes del alma? ¿Cómo se sana el alma?

  El alma no se enferma. El alma es lo que hay en ti permanente y perfecto. Lo que ocurre es que el alma produce una fricción con su instrumento. Cuando nadas contra tu propia corriente hay un conflicto entre el alma y la personalidad. Este conflicto se presenta al nivel de las emociones y éstas se precipitan sobre el cuerpo de tal manera que la mayoría de enfermedades que observamos en la práctica clínica son enfermedades emocionales que han dejado sus huellas en el cuerpo físico. Y luego lo llamas úlcera o gastritis pero una enfermedad es simplemente un reflejo en el espejo del cuerpo y por mucho que limpiemos el espejo no vamos a mejorar la imagen de quien en él se mira. No se trata tanto de limpiar el espejo sino de mejorar la conciencia que se mira en el espejo del cuerpo.

  ¿Qué se debe hacer para encontrar esa conciencia?

  No se encuentra, no se consigue. Tú eres esa conciencia. Quítate lo que sobra en ti y quedas idéntico a lo que tú eres: totalidad, armonía, salud, perfección... eso es tu naturaleza. No se trata de buscar, más bien de volvernos a reconocer por dentro, de aceptarnos como somos, con nuestras sombras y con nuestra luz porque ellas hacen el colorido de la vida.
  Existe una crisis que no sólo se refleja en los sistemas de salud o en la economía sino que repercute también en nuestra visión del mundo, de la manera como nos miramos a nosotros mismos en el universo.

  ¿Cómo describe usted la nueva visión del mundo que está naciendo?

  Es una visión total, más humana, más ecológica y de interdependencia donde el mundo no es solo externo sino que es un mundo interior. Este mundo no sólo tiene fundamentos sino que también tiene contextos y significados, y que está expresado en sistemas con coherencia interior. Además queda una gran parte del mundo implícito, invisible no tangible, tal vez el más importante. Este es un mundo que no está hecho solamente de causalidad lineal sino de causalidad circular, es decir, que todos somos responsables de todo y no es sólo un mundo de causas sino también un mundo lleno de sentido y de propósito. Nace una nueva realidad hecha de materia, emociones, mente y alma. Humanizamos la vida rescatando el alma.
  El mayor problema de este planeta es que hemos utilizado la mente disociada del corazón. El sentimiento y la emoción sin mente son peligrosos y la mente sin corazón es un cadáver. Se debe pensar involucrando el corazón para darle un propósito.
  Cuando nos aceptamos somos de una pieza, sentimos, pensamos y actuamos de la misma manera. Somos íntegros y transparentes porque actuamos sin máscaras, acariciando el mundo con la piel desnuda.

Estamos preparados para ese cambio...?

  Absolutamente preparados porque no es sólo un cambio personal, es también un cambio en la dinámica humana, en la dinámica social, en las relaciones con nuestros hijos, en las relaciones con la ciencia. Es un cambio en el que empieza a emerger la conciencia como el mínimo común denominador de todas las actividades humanas.  
  Es un cambio que toma la esfera del arte, la religión, la economía, la filosofía y que incluye un poquito de magia en nuestra vida cotidiana. Es un cambio que de todas maneras está ocurriendo con nosotros pero que va a ocurrir a un a pesar de nosotros.

  Ignoramos lo que somos, cuáles son nuestras necesidades y potencialidades y eso hace que nuestra salud se vea perjudicada ¿Pero qué somos?

  El problema es que hemos confundido al ser. Decimos sanar y no sabemos a quien sanamos. Hablamos del ser y no sabemos quienes somos... pero está pregunta no tiene respuesta; nosotros somos aquí y ahora. Somos un proceso dinámico, cambiante que no se puede atrapar con palabras. Somos el sentir, el vivir, el amor, somos un verbo que se conjuga. No somos un estado sino un proceso en permanente cambio. Tu eres una corriente, un río y como cualquier río nunca eres igual a ti mismo, te estás renovando continuamente. Somos una corriente que se auto-recrea y auto-renueva.

  Usted nos invita a mirar la enfermedad como un maestro, ¿qué puede enseñarnos, por ejemplo, un tumor?

  La enfermedad es un maestro no solo en el plano humano sino también en el plano social. Es una estrategia de supervivencia de la humanidad como tal. Un tumor que es una catástrofe en el plano personal puede resultar beneficioso en el plano social porque impide que el genoma se transfiera a la descendencia. De tal manera que el tumor lleva implícito un mensaje: que eso no se expanda hacia la descendencia. Cada tumor es una lección. Es distinto un tumor en el riñón, en el estómago o en el cerebro. Cada modalidad puede tener una connotación diferente. Una enfermedad nos está haciendo una pregunta esencial ¿Qué estamos haciendo con nuestra vida? Pero también nos está dando una respuesta: Eres parte de la humanidad, eres vulnerable. El hecho de ser humano implica que puedes enfermar. El hecho de ser humanos nos hace participar del cuerpo y los riesgos a los que está sometida la humanidad. La enfermedad no es un solamente un asunto de conciencia o un asunto mental porque las plantas y los minerales enferman y ellos no tienen conciencia como nosotros la entendemos pero podemos aprovechar la enfermedad como una oportunidad para evolucionar.
La salud integral que tenga en cuenta los cuatro planos del ser, el físico, emocional, mental y espiritual comienza a abrirse paso pero todavía existen muchos profesionales de la salud enraizados en el racionalismo que se empeñan en ver un órgano aislado del resto del organismo, y no digamos del contexto del paciente.

 Que la visión de la salud cambie depende mucho de los médicos.
¿Cree que están dispuestos a desprenderse de su visión mecanicista?

  La visión de la salud no depende de los médicos, depende de la gente, de la cultura, de la demanda que la gente haga de un tipo u otro de medicina. La universidad cambia y la visión médica cambia cuando cambia la visión de la cultura. Las prácticas médicas alternativas se están imponiendo en occidente. Alrededor del 50% de la gente en occidente acude a prácticas médicas alternativas... somos hijos de la necesidad, que los médicos cambiemos o no es independiente de que la medicina cambie porque la medicina va a cambiar de todas maneras.

  Hay muchos intereses creados... hay mucha gente que vive de tratar la enfermedad y no de ayudar a prevenirla.

  Eso es cierto, hay intereses creados. Pero también hay intereses creados en otras direcciones. Una cultura se modifica de abajo hacia arriba, no se modifica por decreto de los estados o de la universidad. Lo determina la necesidad de la gente. Yo soy muy optimista porque se ha producido una gran apertura en el gremio médico por recuperar un poco la naturaleza y la medicina natural, después vendrá la apertura hacia el enfoque energético y más adelante a un plano de conciencia integral... pero ya estamos dando los primero pasos.

TECNOLOGÍA
La catástrofe de la medicina es que lo médicos son más tecnólogos que seres humanos.

CONSUMISMO
Ya no producimos productos para los consumidores sino consumidores para el consumo. Estamos consumidos por el mercado.

PAZ
¿Cómo vas a construir la paz sino tienes paz en el corazón?

TIEMPO
Estamos hechos de tiempo. El tiempo es el movimiento de la conciencia. Matar el tiempo es matar la vida.

ALMA
El alma es un músico y el cuerpo-mente el instrumento. El día que no confundamos música, instrumento y músico alcanzaremos la armonía y la integridad.

ALEGRÍA
La alegría es parte de la santidad. El sendero de la conciencia debe ser alegre. La responsabilidad debe fluir a través de la alegría. Cuando hay alegría, levedad y transparencia aparece la pasión y el sendero de perfección es en sendero de pasión.

DOLOR
Es una válvula de escape para gritar lo que no hemos podido gritar sin él. Si no tienes manera de obtener atención, utilizas el dolor para obtenerla. El mayor dolor es por aquello que no tiene sentido.

domingo, 15 de mayo de 2011

EMOCIONES Y SALUD



Entrevista al Dr. Jorge Carvajal

Médico Cirujano de la UNIVERSIDAD DE ANDALUCÍA - ESPAÑA
Pionero de la Medicina Bioenergética
Marzo 10, 2009


La Salud y Las Emociones

¿Qué enferma primero, el cuerpo o el alma?

El alma no puede enfermar, porque es lo que hay perfecto en ti, el alma evoluciona, aprende.

En realidad, buena parte de las enfermedades son todo lo contrario: son la resistencia del cuerpo emocional y mental al alma. Cuando nuestra personalidad se resiste al designio del alma es cuando enfermamos.
¿Hay emociones perjudiciales para la salud? ¿Cuáles son las que más nos perjudican?

Un 70 por ciento de las enfermedades del ser humano vienen del campo de conciencia emocional.

Las enfermedades muchas veces proceden de emociones no procesadas, no expresadas, reprimidas.

El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos. Cuando el temor se queda congelado afecta al riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía vital, y puede convertirse en pánico.

¿Nos hacemos los fuertes y descuidamos nuestra salud?

De héroes están llenos los cementerios. Te tienes que cuidar.

Tienes tus límites, no vayas más allá. Tienes que reconocer cuáles son tus límites y superarlos porque si no los reconoces, vas a destruir tu cuerpo.

¿Cómo nos afecta la ira?

La ira es santa, es sagrada, es una emoción positiva porque te lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo. Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, se vuelve contra ti, y afecta al hígado, la digestión, el sistema inmunológico.

¿La alegría por el contrario nos ayuda a estar sanos?

La alegría es la más bella de las emociones porque es la emoción de la inocencia, del corazón, y es la más sanadora de todas, porque no es contraria a ninguna otra. Un poquito de tristeza con alegría escribe poemas. La alegría con miedo nos lleva a contextualizar el miedo y a no darle tanta importancia.

¿La alegría suaviza el ánimo?

Sí, la alegría suaviza todas las otras emociones porque nos permite procesarlas desde la inocencia. La alegría pone al resto de las emociones en contacto con el corazón y les da un sentido ascendente. Las canaliza para que lleguen al mundo de la mente.

¿Y la tristeza?

La tristeza es un sentimiento que puede llevarte a la depresión cuando te envuelves en ella y no la expresas, pero también puede ayudarte. La tristeza te lleva a contactar contigo mismo y a restaurar el control interno. Todas las emociones negativas tienen su propio aspecto positivo, las hacemos negativas cuando las reprimimos.

¿Es mejor aceptar esas emociones que consideramos negativas como parte de uno mismo?

Como parte para transformarlas, es decir, cuando se aceptan fluyen, y ya no se estancan, y se pueden transmutar. Tenemos que canalizarlas para que lleguen desde el corazón hasta la cabeza.

¡Qué difícil! Sí, es muy difícil. Realmente las emociones básicas son el amor y el temor (que es ausencia de amor), así que todo lo que existe es amor, por exceso o defecto. Constructivo o destructivo. Porque también existe el amor que se aferra, el amor que sobreprotege, el amor tóxico, destructivo.

¿Cómo prevenir la enfermedad?

Somos creadores, así que yo creo que la mejor forma es creando salud. Y si creamos salud no tendremos ni que prevenir la enfermedad ni que atacarla, porque seremos salud.

¿Y si aparece la enfermedad?

Pues tendremos que aceptarla porque somos humanos. También enfermó Krishnamurti de un cáncer de páncreas y no era nadie que llevara una vida desordenada. Mucha gente muy valiosa espiritualmente ha enfermado. Debemos explicarlo para aquellos que creen que enfermar es fracasar. El fracaso y el éxito son dos maestros, pero nada más. Y cuando tú eres el aprendiz, tienes que aceptar e incorporar la lección de la enfermedad en tu vida. Cada vez más personas sufren ansiedad. La ansiedad es un sentimiento de vacío, que a veces se vuelve un hueco en el estómago, una sensación de falta de aire. Es un vacío existencial que surge cuando buscamos fuera en lugar de buscar dentro. Surge cuando buscamos en los acontecimientos externos, cuando buscamos muletas, apoyos externos, cuando no tenemos la solidez de la búsqueda interior. Si no aceptamos la soledad y no nos convertimos en nuestra propia compañía, vamos a experimentar ese vacío y vamos a intentar llenarlo con cosas y posesiones. Pero como no se puede llenar con cosas, cada vez el vacío aumenta.

¿Y qué podemos hacer para liberarnos de esa angustia?

La angustia no se puede pasar comiendo chocolate, o con más calorías, o buscando un príncipe azul afuera.

La angustia se pasa cuando entras en tu interior, te aceptas como eres y te reconcilias contigo mismo. La angustia viene de que no somos lo que queremos ser, pero tampoco lo que somos, entonces estamos en el "debería ser", y no somos ni lo uno ni lo otro.

El estrés es otro de los males de nuestra época. El estrés viene de la competitividad, de que quiero ser perfecto, quiero ser mejor, de que quiero dar una nota que no es la mía, de que quiero imitar. Y realmente sólo se puede competir cuando decides ser tu propia competencia, es decir, cuando quieres ser único, original, auténtico, no una fotocopia de nadie.

El estrés destructivo perjudica el sistema inmunológico. Pero un buen estrés es una maravilla, porque te permite estar alerta y despierto en las crisis, y poder aprovecharlas como una oportunidad para emerger a un nuevo nivel de conciencia.

¿Qué nos recomendaría para sentirnos mejor con nosotros mismos?

La soledad. Estar con uno mismo cada día es maravilloso. Estar 20 minutos con uno mismo es el comienzo de la meditación; es tender un puente hacia la verdadera salud; es acceder al altar interior, al ser interior.

Mi recomendación es que la gente ponga su despertador 20 minutos antes para no robarle tiempo a sus ocupaciones. Si dedicas, no el tiempo que te sobra, sino esos primeros minutos de la mañana, cuando estás fresco y descansado, a meditar, esa pausa te va a recargar, porque en la pausa habita el potencial del alma.

¿Qué es para usted la felicidad?

Es la esencia de la vida. Es el sentido mismo de la vida, encarnamos para ser felices, no para otra cosa. Pero la felicidad no es placer, es integridad. Cuando todos los sentidos se consagran al ser, podemos ser felices. Somos felices cuando creemos en nosotros, cuando confiamos en nosotros, cuando nos encomendamos transpersonalmente a un nivel que trasciende el pequeño yo o el pequeño ego. Somos felices cuando tenemos un sentido que va más allá de la vida cotidiana, cuando no aplazamos la vida, cuando no nos desplazamos a nosotros mismos, cuando estamos en paz y a salvo con la vida y con nuestra conciencia.

Vivir el Presente.

¿Es importante vivir en el presente? ¿Cómo lograrlo?

Dejamos ir el pasado y no hipotecamos la vida a las expectativas de futuro cuando nos volcamos en el ser y no en el tener. Yo me digo que la felicidad tiene que ver con la realización, y ésta con la capacidad de habitar la realidad. Y vivir en realidad es salir del mundo de la confusión.

¿Tan confundidos estamos, en su opinión?

Tenemos tres ilusiones enormes que nos confunden. Primero creemos que somos un cuerpo y no un alma, cuando el cuerpo es el instrumento de la vida y se acaba con la muerte. Segundo, creemos que el sentido de la vida es el placer; pero a más placer no hay más felicidad, sino más dependencia. Placer y felicidad no es lo mismo. Hay que consagrar el placer a la vida y no la vida al placer. La tercera ilusión es el poder; creemos tener el poder infinito de vivir.

¿Y qué necesitamos realmente para vivir?, ¿acaso el amor?

El amor, tan traído y tan llevado, y tan calumniado, es una fuerza renovadora.

El amor es magnífico porque crea cohesión. En el amor todo está vivo, como un río que se renueva a sí mismo. En el amor siempre uno puede renovarse, porque todo lo ordena. En el amor no hay usurpación, no hay desplazamiento, no hay miedo, no hay resentimiento, porque cuando tú te ordenas porque vives el amor, cada cosa ocupa su lugar, y entonces se restaura la armonía. Ahora, desde la perspectiva humana, lo asimilamos con la debilidad, pero el amor no es débil. Nos debilita cuando entendemos que alguien a quien amamos no nos ama.

Hay una gran confusión en nuestra cultura. Creemos que sufrimos por amor, que nuestras catástrofes son por amor. pero no es por amor, es por enamoramiento, que es una variedad del apego. Eso que llamamos habitualmente amor es una droga. Igual que se depende de la cocaína, la marihuana o la morfina, también se depende del enamoramiento. Es una muleta para apoyarse, en vez de llevar a alguien en mi corazón para liberarlo y liberarme. El verdadero amor tiene una esencia fundamental que es la libertad, y siempre conduce a la libertad. Pero a veces nos sentimos atados a un amor. Si el amor conduce a la dependencia es eros. Eros es un fósforo, y cuando lo enciendes se te consume rápidamente, en dos minutos ya te quemas el dedo. Hay muchos amores que son así, pura chispa. Aunque esa chispa puede servir para encender el leño del verdadero amor. Cuando el leño está encendido produce el fuego. Ese es el amor impersonal, que produce luz y calor.

¿Puede darnos algún consejo para alcanzar el amor verdadero?

Solamente la verdad. Confía en la verdad; no tienes que ser como la princesa de los sueños del otro, no tienes que ser ni más ni menos de lo que eres. Tienes un derecho sagrado, que es el derecho a equivocarte; tienes otro, que es el derecho a perdonar, porque el error es tu maestro. Ámate, sincérate y considérate. Si tú no te quieres, no vas a encontrar a nadie que te pueda querer. El amor produce amor. Si te amas, vas a encontrar el amor. Si no, vacío. Pero nunca busques una migaja; eso es indigno de ti. La clave entonces es amarse a sí mismo. Y al prójimo como a ti mismo. Si no te amas a ti, no amas a Dios, ni a tu hijo, porque te estás apegando, estás condicionando al otro. Acéptate como eres; lo que no aceptamos no lo podemos transformar, y la vida es una corriente de transformación permanente.